Más de tres décadas dando forma al metal en Barcelona
Industrias Mecánicas Almeyda, S.L. nace en 1992 en el barrio de Trinitat Vella, en el distrito de Sant Andreu de Barcelona, fundada por Luis Almeyda Andreu tras más de quince años de experiencia previa como tornero cualificado en la industria automovilística catalana. Lo que comenzó como un pequeño taller en la calle Binéfar dedicado a la fabricación de piezas de recambio para el tejido industrial del Vallès y el Baix Llobregat, ha evolucionado durante más de tres décadas hasta convertirse en una referencia regional en mecanizado de precisión, soldadura cualificada y mantenimiento industrial.
De tornero artesano a taller industrial llave en mano
A finales de los años noventa, la empresa apostó por incorporar las primeras máquinas de control numérico (CNC), un salto tecnológico que permitió pasar del trabajo unitario al mecanizado seriado con tolerancias estrictas. Esa decisión, adelantada a su tiempo, marcó el ADN de la casa: invertir continuamente en tecnología sin perder el oficio que sólo se aprende junto a una máquina.
Durante la primera década de los 2000 ampliamos el catálogo de servicios con soldadura cualificada (TIG, MIG/MAG y arco sumergido) y sumamos al equipo soldadores homologados según norma UNE-EN ISO 9606. En 2014, la incorporación de la segunda generación familiar al equipo técnico permitió añadir el área de mantenimiento industrial, primero correctivo y, desde 2019, también predictivo gracias a la implantación de sensores IIoT.
Nuestro compromiso: cercanía, oficio y trazabilidad
Hoy somos un equipo de profesionales especializados formado por ingenieros mecánicos, programadores CNC, soldadores homologados y técnicos de mantenimiento, todos ellos con formación continua reconocida en centros de Cataluña. Trabajamos para clientes del sector automoción, agroalimentario, packaging, construcción metálica y mobiliario urbano, siempre desde nuestras instalaciones de Barcelona.
Lo que nos define no ha cambiado en treinta años: cumplir plazos, hablar claro al cliente, validar cada pieza con instrumentos calibrados y entregar trabajos por los que pondríamos la mano en el fuego. Esa es la diferencia entre un proveedor cualquiera y un taller con nombre y apellidos detrás de cada presupuesto.